Sobre Corazón tan blanco, de Javier Marías

“Los dormidos, y los muertos, no son sino como pinturas”.

Y hoy esta frase resuena más funesta que nunca porque estamos ante la muerte del escritor, no de Shakespeare sino de Marías, de Javier.

Desconozco si Javier Marías era creyente o no, católico o no. Supongo que él no quiso morir, que amaba la vida, o al menos se sentía bien a pesar de los golpes o fracasos o a pesar de la soledad aunque estuviera casado, y escribiera profusamente sobre el matrimonio, el “estado de casado”,

Voces importantes, más que voces escritores, señalaron la posibilidad de que Javier recibiera el premio Nobel de literatura.

Quizás fuera muy exagerada esa petición, aunque fuera de España se habían traducido a múltiples lenguas los escritos de Javier Marías. Pero pienso en un estilo un poco farragoso con infinitos apostillamientos y matices que muchas veces dilatan demasiado la oración. Aunque puede que sea una manera de jugar con las subordinadas y los signos de puntuación así como de rellenar el espacio llegando a la repetición de no solo vocablos sino de frases enteras que pueden enlentecer la lectura aunque perdure la sensación de ya haber leído el fragmento dado.

Y así va avanzando la novela sin saber nada de lo que no se quería saber, pero se supo.

El protagonista y narrador pueden ser perfectamente el escritor mismo. Traductor e intérprete.

Se encuentra en una habitación de hotel de La Habana junto a su esposa, que está enferma “efímera”, cuando una mujer le grita desde abajo, equivocada de persona. Luego se percata de que el receptor estaba a la izquierda del protagonista, en el balcón de al lado.

Me pregunto si a mí me gustaría que mi marido escribiera con tantas dudas sobre el matrimonio y con tales malos presentimientos sobre el “estado” casado. Aunque por otro lado es de agradecer que escriban sobre una, significa que es importante para él la relación en sí.

De todas formas no hay forma humana de saber qué es autobiográfico y qué es inventado. Aunque haya muchos pensamientos que dan vueltas en la almohada, no tienen porque ser cuestiones ciertas sino simplemente ficción.

Cuando alguien ha tenido una vida plena de reconocimientos, amistades, de amores parece que la muerte es distinta. No es lo mismo que cuando el que muere no es nadie o tiene enemigos que ensombrecen la posible entrada al cielo.

En la ceremonia de entrada a la Real Academia de la lengua diserta el escritor acerca de la dificultad para contar, es curioso porque se supone que se trata de un experto él.

Después de todo lo expresado se me viene a la mente por un lado el libro de esclesiastés: vanidad de vanidades todo es vanidad.

¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?

Y por otro lado resuenan las coplas de Jorge Manrique sobre la fugacidad de la vida y el poder igualatorio de la muerte.

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