La lucha

Soy un populus tremula, un álamo temblón.

Soy un árbol envenenado cuya savia corrupta castiga y quema mis doloridos vasos.

Savia infectada que me recorre desde la raíz hasta la cima, hasta la última hoja nacida del último brote, de la última ramita y que me hace estremecer.

Por eso tiemblo.

Pero no es sólo el veneno, es más que eso. Es sobretodo el miedo que me atenaza. (A veces grito despavorido).

Miedo hecho fango o capa de resina putrefacta y pegajosa, que se adhiere a mis mejores ramas, a mis mejores brotes. Intimidante, como el odio destilado que debo beber de vez en cuando de los ojos de mis enemigos, tanto de los naturales como de los que me he proporcionado por mis malas jugadas de parchís en la vida.

Estoy pensando en el cuervo negro que de cuando en cuando se acerca para espiarme y alegrarse de mi aflicción. A veces me dan ganas de coger un espejo para que el reflejo que devuelva de sí mismo le rebote, reflejándole su propio odio.

Pero soy un buen árbol, mi naturaleza es noble. Ha sido el ambiente tóxico y negativo el que me ha hecho enfermar. No voy a hablar de mal de ojo, de mal agüero, pero esa sospecha estuvo flotando en el aire…

Cuando el dolor es insoportable, ¿sabes lo que hago?.

Canto.

Canto para que mis vasos se liberen de la opresión y la angustia.

Canto para que mi voz que intenta ser libre, aunque quejumbrosa, conmueva a los pájaros y se me acerquen. Pero no grito para no espantarlos, sino que canto, ¿entiendes?. Y muevo un poquito mis débiles ramas mientras canto.

También lloro.

Lloro cuando solo me ven las estrellas, que son sabias y brillantes y me maravillan y palian mis tormentos por un rato.

Por las noches, cuando esta resina pegajosa me aprieta más de la cuenta me doy cuenta de que soy débil e imploro al cielo ayuda.

Y la respuesta tarda, y espero. Y sigo esperando… Pero viene, viene del cielo, en forma de lluvia y exaltado de precipitado júbilo, canto:

Limpiadme lágrimas del cielo,

liberadme de todo mal, de toda podredumbre.

Llevaos el veneno amargo.

Purificadme con vuestro líquido contacto.

De pronto me siento limpio y puro y me hago fuerte. Fuerte y valiente. Y puedo luchar contra el viento. Ahora el sol me calienta y me reconforta y me duermo.

Despierto.

Despierto y descubro que todo fue un mal sueño. Nunca estuve enfermo, todo fue producto de una alucinación, de una pesadilla o de una droga.

Soy un árbol bueno, noble y sano. He sido por momentos un desahuciado imaginario. Vaya tontería haber sufrido tanto. Tanto por nada. Pero qué absurdo, ¿no?.

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